Parar. Pensar

“Me sucede, en el umbral de un aula grande muy concurrida, marcar un momento de pausa. Tras la puerta, la ligera agitación de la masa de estudiantes, el ligero zumbido de las conversaciones, todos los ruidos de acomodo de los alumnos. Voy a entrar; va a hacerse el silencio y las miradas convergerán sobre mí. Naturalmente, no es nada, no es un acontecimiento. Un profesor va a iniciar su clase. Esto sucede cien veces cada día en el mismo edificio. Esta reflexión, sin embargo, no llega a disipar una inquietud, que puede rozar con la angustia. “¿Qué vengo a hacer aquí? ¿Y ellos, todos y cada uno, que vienen a hacer a su vez? ¿Qué es lo que espero de ellos? ¿Qué esperan ellos de mí?”

Gusdorf, G. (1969). ¿Para qué los profesores? Madrid: Editorial Cuadernos para el diálogo.

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