Criterios para la elección de herramientas de comunicación en los procesos de enseñanza-aprendizaje

La progresiva introducción en el ámbito educativo de las herramientas tecnológicas para la información y las comunicaciones ha dado a lugar a que, desde hace años, se hable de Tecnologías para el Aprendizaje y el Conocimiento o TAC (Cabero-Almenara, 2017; Lozano, 2011; Sancho, 2008). El concepto “TAC” implica que, cada vez más, pasamos de la apropiación de herramientas TIC para un uso educativo a la existencia de herramientas tecnológicas especialmente concebidas para el entorno de la educación y el aprendizaje.

En los últimos años trabajar con un LMS (Learning Management System) es casi un estándar educativo en la enseñanza universitaria –como Moodle, Sakai, Blackboard, Canva o tantos otros– a los que podemos añadir las versiones educativas de servicios en la nube y herramientas ofimáticas como las de Google o Microsoft que han conformado divisiones educativas específicas que tratan de extender la implantación de sus sistemas, pero también los PLE (Personal Learning Environment) como integración de distintas tecnologías en un todo educativo, y una miríada de aplicaciones para las más variadas tareas: Socrative, Kahoot, Symbaloo, Remind o Class Dojo son algunas de ellas.

Según señala Cabero-Almenara (2017) nunca antes han existido tantos recursos TIC aplicados al ámbito educativo ni, probablemente, –añadimos–  tal volumen de negocio en torno a la enseñanza. Pero más allá del evidente interés económico detrás de la mayoría de estas herramientas lo cierto es que, en el contexto actual, en el que se propugna el aprendizaje ubicuo, en cualquier momento y en cualquier lugar, estas herramientas cumplen una función relevante dentro de los procesos de enseñanza y aprendizaje en los que “computer-mediated classrooms coupled with heightened emphasis on removing geographic and temporal limitations have led to growing dependence on asynchronous learning networks as an education and training delivery medium” (Morse, 2003, p. 37).

La elección de herramientas tecnológicas debe responder, por lo tanto, a una identificación previa de necesidades y objetivos pedagógicos concretos que permitan una mejora significativa del proceso de aprendizaje

Si admitimos que el aprendizaje es esencialmente una actividad social y que el conocimiento se construye través de la comunicación, la colaboración y la interacción con otros (Swann, 2005), parece evidente que hay que dotar a los partícipes en el proceso de las herramientas necesarias para que ese contacto e intercambio se pueda producir en distintos espacios, tanto físicos como digitales, y en distintos momentos, con intervención del docente o sin ella.

Cabero-Almenara (2017) habla de la creciente importancia del aprendizaje ubicuo (en cualquier momento y lugar) y móvil, del aprendizaje social (como construcción colectiva del conocimiento) pero también individualizado (auge de la formación personalizada en la que cada estudiante avanza a su ritmo y sigue distintos itinerarios para lograr el aprendizaje). Para Cabero-Almenara: “cualquier tipo de TIC es simplemente un recurso didáctico que deberá ser movilizado cuando el alcance de los objetivos, contenidos, las características de los estudiantes o el proceso comunicativo lo justifiquen” (2017, p.56), idea que complementa con la noción de que “el aprendizaje se encuentra no en función del medio, sino fundamentalmente sobre la base de las estrategias y técnicas didácticas que se movilicen” (2017, p.56).

El uso de la tecnología en la educación puede cubrir distintas necesidades y desempeñar distintos roles. Uno de los modelos más populares para explicar la integración de la tecnología en la enseñanza es el SAMR de Puentedura (2006), que propone cuatro niveles de integración. Los dos primeros forman la capa denominada “mejora”, mientras que los dos siguientes se agrupan bajo la denominada “transformación”:

  1. Sustitución: la tecnología sustituye a otra herramienta docente sin que ello suponga ningún cambio funcional.
  2. Aumento: la tecnología sustituye a otra herramienta docente, con alguna mejora funcional con respecto a la anterior.
  3. Modificación: la tecnología permite rediseñar las actividades que se estaban realizando y plantear cambios metodológicos.
  4. Redefinición: la tecnología posibilita crear actividades que antes no era posible realizar o incluso concebir dentro de un nuevo marco metodológico.

Es importante aclarar, por ello que “el modelo SAMR viene a destacar que la integración de la tecnología en la enseñanza no tiene un efecto positivo per se: son los usos que se hagan de esa tecnología los que pueden mejorar el proceso de aprendizaje” (Dafonte-Gómez, Ramahí-García, & García-Crespo, 2017, p. 17).

La elección de herramientas tecnológicas debe responder, por lo tanto, a una identificación previa de necesidades y objetivos pedagógicos concretos que permitan una mejora significativa del proceso de aprendizaje.

Un correcto uso de las herramientas de comunicación entre el docente y el alumnado (y entre el propio alumnado) puede contribuir a mantener el interés e implicación fuera del aula, a incrementar las dinámicas de aprendizaje colaborativo y a fomentar la curiosidad y responsabilidad sobre el propio aprendizaje al mismo tiempo que se trabajan factores relacionados con la competencia digital a diversos niveles, por lo que consideramos necesario ofrecer una guía que facilite al docente esta tarea a través de la definición de criterios generales que permitan optar por un tipo de herramienta u otro en función de un diagnóstico inicial.

Criterios de selección de herramientas de comunicación en el ámbito educativo

En primer lugar es necesario pensar en las necesidades que pretendemos cubrir con el uso de una herramienta tecnológica concreta para la comunicación. Son nuestras necesidades las que deben guiar la elección y no necesariamente las tendencias o las herramientas más innovadoras por el mero hecho de serlo.

Los criterios de selección de una herramienta o herramientas de comunicación en el ámbito de la docencia responden fundamentalmente a cuestiones presupuestarias, legales y funcionales. Las presupuestarias se refieren, evidentemente, al carácter gratuito o no de la aplicación o servicio seleccionado o incluso a la capacidad que tiene la herramienta de responder a nuestras necesidades en la versión gratuita de modelos freemium. En este sentido nos veremos limitados también por criterios institucionales con respecto al tipo de herramienta que debe usar el profesorado y el alumnado para la comunicación, con la proliferación de los denominados Campus Virtuales basados, por lo general en una única herramienta LMS –como Moodle, Blackboard o Sakai– que se usa como centro de interacción entre cada docente y su alumnado.

Existen también criterios legales que dependen de la edad del alumnado y de su posibilidad legal de usar ciertos servicios web, como las redes sociales, aunque sea con finalidad educativa.

Por último, como decíamos, existen criterios de tipo funcional, que son los que centran el contenidos de este texto, y que tienen que ver con lo que la herramienta nos permite hacer a distintos niveles y con sus características básicas de uso y funcionamiento.

Aquí podemos establecer distintos tipos de criterios funcionales que deberían guiar nuestra elección a la hora de escoger una herramienta u otra dentro de una asignatura.

1. Flujo y alcance de los mensajes

El flujo del proceso comunicativo parte de un emisor en dirección a uno o varios receptores cuyo feedback puede, a su vez, retroalimentar el proceso. Hablamos, por lo tanto de analizar quién puede ser emisor de mensajes dentro de la herramienta y a cuántos receptores llega de forma simultánea o individual. En cuanto a quién ostenta el rol de emisor, podemos pensar en herramientas en las que tenemos a un único individuo, el docente, con capacidad para emitir mensajes o herramientas en las que todos los participantes pueden emitir mensajes. El rol de emisor está indisolublemente ligado a la consideración de a quién puede dirigir esos mensajes; en este sentido podríamos hablar de mensajes emitidos para el conjunto de la comunidad, visibles tanto para todo el alumnado como para el docente, mensajes emitidos para subdivisiones dentro de esa comunidad, –como por ejemplo grupos de trabajo– que están ocultas para el resto, y mensajes emitidos entre individuos, que pueden admitir: a) comunicación de docente a estudiante (unidireccional, sin posibilidad de respuesta), b) comunicación entre estudiante y docente (bidireccional, con la capacidad de que cada individuo emita y reciba mensajes) y c) comunicación privada de estudiante a estudiante y, por lo tanto, oculta al docente, algo que suele suceder al margen de las plataformas institucionales pero que algunas herramientas integran.

2. Multimedialidad e interoperatibilidad

La capacidad de una herramienta para integrar, reproducir o gestionar distintas fuentes digitales es un aspecto relevante en su elección. Este criterio comprendería las posibilidades que ofrece una herramienta para gestionar y visualizar archivos de texto, imagen estática, vídeo, audio, etc, en distintos formatos. Cuestiones como si se pueden reproducir y visualizar de forma nativa o es necesario abrirlos con otras herramientas o el tipo de previsualización que ofrece de links externos tienen mucha relevancia en la experiencia de usuario que proporciona una herramienta determinada. Por otra parte la capacidad para importar recursos externos (REAS, por ejemplo) o exportar para su reutilización los contenidos compartidos dentro de la herramienta puede ser también un criterio de selección.

3. Dispositivo de uso: móvil vs sobremesa

Un tercer criterio se refiere al tipo de dispositivo en el que puede funcionar la herramienta. En el ámbito de la educación estamos habituados todavía a herramientas fundamentalmente concebidas para su uso en ordenadores (portátiles o de sobremesa), como aplicación de escritorio o como servicio web, pero resulta cada vez más frecuente que estas herramientas hayan comenzado a desarrollar buenas alternativas para dispositivos móviles o que incluso hayan sido concebidas teniendo en cuenta el principio mobile first.  Que una herramienta funcione bien en dispositivos móviles no es una cuestión irrelevante desde el punto de vista del uso que se le da; a diferencia de otro tipo de dispositivos los smartphones nos acompañan todos los días a todas horas, por lo tanto las posibilidades de contacto entre los participantes de una comunidad educativa o entre los materiales puestos a disposición de los estudiantes en esa comunidad es mucho mayor y más frecuente a través de dispositivos móviles que a través de otro tipo de aparatos. Un criterio que debemos tener en cuenta al seleccionar una herramienta de comunicación es el tipo y variedad de plataformas, sistemas operativos y dispositivos tecnológicos en los que puede operar. Vivimos en un mundo hiperconectado y hoy en día el smartphone es un instrumento educativo muy poderoso por capacidad, tamaño y precio, por lo que una herramienta que pueda operar a través de navegador web, aplicación de escritorio y dispositivos móviles supone una ventaja que debería ser tenida en cuenta.

4. Síncrona y asíncrona

Llamamos síncrona al tipo de comunicación en el que dos o más personas pueden mantener una conversación en tiempo real a través de dispositivos tecnológicos de vídeo, audio o texto. Por otra parte, denominamos asíncrona al tipo de comunicación establecida entre dos o más personas en la que no se permite o no se espera una respuesta inmediata que pueda dar lugar a una conversación fluida.

Existen herramientas que, bien por su diseño, bien por el uso habitual que hacen de ella sus usuarios o por ambas cosas, están enfocadas principalmente a uno de de estos dos tipos de comunicación, mientras que otras tratan de combinar ambas posibilidades en una misma herramienta.

El enfoque sobre el aspecto cronológico en la comunicación no sólo afecta al período de respuesta esperado, sino que suele condicionar funcionalidades de la herramienta como la capacidad para compartir archivos o archivar y recuperar mensajes.

5. Privacidad de datos personales

Otra consideración importante es el nivel de privacidad de los datos que garantiza la herramienta. Debemos ser conscientes tanto de los datos que ofrecemos a la empresa desarrolladora de la herramienta como de los datos que el diseño de la herramienta fuerza que sean públicos entre los distintos participantes en la comunidad, como el nombre y apellidos o, en un plano más sensible, el número de teléfono móvil o la dirección de correo electrónico. Existen aplicaciones de mensajería instantánea en las que es imprescindible para crear cualquier tipo de grupo o contacto entre usuarios conocer el número de teléfono móvil mientras que en otras se puede operar a través de un nombre de usuario.

6. Recuperación de la información compartida

Las funcionalidades que integre una herramienta para la recuperación de la información compartida por los usuarios es un aspecto importante en su elección. Independientemente de que los mensajes o archivos se hayan intercambiado en un contexto síncrono o asíncrono es importante tener la capacidad de recuperar de forma eficaz lo dicho y lo compartido a través de la herramienta. Podemos hablar de criterios de ordenación cronológicos, criterios de organización que atiendan a palabras clave, etiquetas, tipo de archivo o autoría y también de sistemas de búsqueda textual más o menos refinados, o incluso de una zona específica dentro de la interfaz en la que se muestren los documentos compartidos según su tipología o los links a las webs externas.  Por lo tanto, antes de comenzar a usar una herramienta y de compartir material a través de ella es importante conocer los sistemas de archivo y búsqueda de que dispone y valorar si se adecúa a nuestras necesidades.

Conclusiones

La elección de una herramienta para su uso en el ámbito educativo –tanto si ese es su propósito inicial como si no– debe ser el resultado de un proceso de reflexión por parte del docente en el deben intervenir tanto su conocimiento disciplinar, como el pedagógico y el tecnológico (Archambault & Barnett, 2010). El conocimiento disciplinar y el pedagógico serán los que orienten el propósito que lleva a buscar una herramienta determinada para satisfacer una serie de necesidades pedagógicas concretas y el conocimiento tecnológico será el que identifique no sólo la más adecuada a esos criterios, sino también la que mejor se adapte a las características y entorno en que debe utilizarse, de modo que sea también un mecanismo de trabajo de la competencia digital. Se trata, no obstante, de un proceso integrado en el que los tres tipos de conocimiento se aplican de forma sincronizada.

Por otra parte es importante plantear que las herramientas tecnológicas deberían ser mucho más que un simple instrumento de sustitución de formatos analógicos por digitales dentro de procesos o metodologías que se mantienen estáticas a lo largo del tiempo; la verdadera ventaja del uso de la tecnología es la posibilidad de plantear dinámicas de trabajo y aprendizaje nuevas o de llevar las actualmente existentes a nivel superior de interacción o ubicuidad que puedan suponer una mejora sustancial de los procesos.

Los criterios aquí expuestos pretenden ser una base desde la cual reflexionar y plantear nuevos interrogantes sobre la necesidad y potencialidades del uso de la tecnología en la docencia y el aprendizaje.


DISPONIBLE EN:
Dafonte-Gómez, A. (2018). La comunicación en los procesos de enseñanza-aprendizaje: criterios para la elección de herramientas tecnológicas. En J. F. Durán Medina, F. J. Godoy Martín, & J. Rodríguez Terceño (Eds.), Las TIC en las aulas de enseñanza superior (pp. 101-107). Gedisa.

Bibliografía

Archambault, L. M., & Barnett, J. H. (2010). Revisiting technological pedagogical content knowledge: Exploring the TPACK framework. Computers and Education, 55(4), 1656-1662. https://doi.org/10.1016/j.compedu.2010.07.009

Cabero-Almenara, J. (2017). La formación en la era digital: ambientes enriquecidos por la tecnología. Revista Gestión de la Innovación en Educación Superior, 2(2), 41-64.

Dafonte-Gómez, A., Ramahí-García, D., & García-Crespo, O. (2017). El uso de la tecnología en la educación: modelos para un marco referencial que integre la competencia digital en la docencia. Presentado en III Congreso Internacional de Educación Mediática y Competencia Digital, Segovia, España, 15 – 17 junio 2017, Universidad de Valladolid. Recuperado de http://hdl.handle.net/11093/879

Lang, A. (2000). The limited capacity model of mediated message processing. Journal of Communication, 50(1), 46-70. https://doi.org/10.1111/j.1460-2466.2000.tb02833.x

Lozano, R. (2011). De las TIC a las TAC: tecnologías del aprendizaje y el conocimiento. Anuario ThinkEPI, 5(0), 45-47.

Morse, K. (2003). Does one size fit all? Exploring asynchronous learning in a multicultural environment. Journal of Asynchronous Learning Networks, 7, 37-55.

Puentedura, R. (2006). Transformation, Technology, and Education. Recuperado de http://hippasus.com/resources/tte/

Sancho, J. M. (2008). De TIC a TAC, el difícil tránsito de una vocal. Investigación en la escuela, 64, 19-30.

Swann, K. (2005). A constructivist model for thinking about learning online. En J. Bourne & J. Moore (Eds.), Elements of quality online education: Engaging communities (pp. 13-30). Needham, MA: Sloan-C.

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